A veces, lo que vemos es apenas el eco de lo que somos capaces de percibir. Nos llevamos miradas, sí, pero también silencios que no se dijeron, gestos que no se explicaron, atmósferas que nos rozaron sin pedir permiso. Nos llevamos la sombra de lo que intuimos, el temblor de lo que nos conmovió sin saber por qué.

Porque hay cosas que no se ven, pero se sienten como si fueran tatuajes invisibles: una palabra que no se dijo, una presencia que se quedó flotando, una verdad que se disfrazó de duda. Lo que te llevás no siempre cabe en los ojos. A veces, lo que te llevás es lo que te transforma.
