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por Urano (335.494 puntos) en Concursos

Capítulo I

La bruma se arremolinaba perezosamente en las calles de Barcelona, asfixiando el bullicio habitual de la ciudad. En 2006, la modernidad intentaba abrirse paso entre edificios centenarios que parecían guardar celosamente sus secretos. La mansión de la familia Beaumont, antigua y ostentosa, se alzaba en la avenida Pearson, guardiana de secretos más oscuros que cualquier otro en la ciudad.

La noche del robo lo cambió todo.

Regina Beaumont, una estudiante de educación secundaria de 14 años, se encontraba en la biblioteca, envuelta en la calma sofocante del silencio. Ella tenía el cabello rubio y rizado, una cascada suave que caía por su espalda en ondas. Sus mejillas, apenas teñidas de un rosa sutil y del marrón de sus pecas, le conferían una delicadeza que contrastaba con la firmeza de sus ojos marrones, profundos y curiosos. Esa biblioteca era un lugar que había pertenecido a su padre, Ignacio Beaumont, un magnate descendiente de inmigrantes franceses cuya obsesión por el coleccionismo había llenado la casa con objetos antiguos. La colección más notable, y quizás la más inquietante, era la de muñecos de porcelana. Docenas de ellos, con sus miradas frías, llenaban vitrinas y rincones oscuros de la mansión, pero algo en sus ojos parecía seguir a Regina con cada paso. El crujido tenue de las vitrinas apenas audible al caminar, como si los muñecos se tensaran en su quietud, esperando un momento para moverse. Una noche, mientras caminaba sola por el pasillo, juró escuchar el sonido de cerámica rozando el vidrio, como si una mano pequeña y rígida hubiera golpeado la puerta desde adentro. Enfrentó el miedo y la soledad en esa mansión llena de recuerdos de su padre.

Cuando la policía llegó, apenas sabían cómo explicar el robo. Dejando de lado el hecho de que el ladrón había huído del lugar con una rapidez y un sigilo que no parecían humanos, nada de valor había sido tomado: ni las joyas, ni las pinturas, ni los relojes antiguos. Solo un muñeco de porcelana había desaparecido. Pero no era simplemente la ausencia lo que perturbaba a Regina. Algo bizarro había ocurrido que la había dejado sin aliento. Los ojos del muñeco. Dos orbes de vidrio rotos en el suelo, como si hubieran sido arrancados en un acto de rabia o desesperación.


Ignacio, al enterarse, palideció de una manera que Regina nunca había visto antes. Su padre, que siempre se había mostrado imperturbable, aunque cálido, afectuoso y protector, parecía de repente estar al borde de un colapso.

—Ese muñeco... —murmuró él—. Miraba demasiado.

Regina no comprendió el significado de sus palabras en ese momento, pero las semanas que siguieron la sumergieron en un abismo de paranoia. No podía ignorar los rumores. Se hablaba de un enigmático ladrón que había comenzado a robar muñecos y títeres antiguos por toda la ciudad asaltando jugueterías y museos, siempre mutilándolos de la misma manera: arrancándoles los ojos. Aparentemente, nadie sabía quién era, pero lo llamaban "El Cegador".

(...)

Después de investigar discretamente durante semanas, compaginando la investigación con sus vidas preadolescentes, decidieron seguir uno de los hilos que había encontrado Regina en los relatos de las víctimas del "Cegador". Las pistas los llevaron a una vieja juguetería en el Barrio Gótico, cuyos dueños hablaban con miedo de un hombre que, años atrás, se había interesado de forma peculiar en los muñecos y los títeres. Una noche de verano, los mejores amigos se adentraron en las sombras del barrio. Era un lugar que parecía atrapado en el tiempo, con calles estrechas que serpenteaban como un laberinto. Bajo las luces parpadeantes de las farolas, las escasas figuras humanas que transitaban parecían espectros deslizándose entre los adoquines.

El sonido de una campanilla oxidada anunció su entrada al cruzar el umbral de la puerta de la juguetería. Dentro, la luz era tenue y cálida, pero la atmósfera estaba cargada de una extraña pero familiar sensación de nostalgia y melancolía. Regina nota que no quiere estar ahí, hay algo que la incomoda, no sabe qué. Un estremecimiento la atravesó al reconocer el sonido crujiente de la madera envejecida y el polvo que flotaba en el aire. De repente, su mente se trasladó a un rincón de su temprana infancia que se esforzaba en olvidar. Una muñeca, una pequeña muñeca rara de tez grisácea, con una boca abierta grande y sonriente y el cabello azabache, en un momento dado empezó a activar “por sí sola” su mecanismo de voz aleatoriamente. El juguete compartía una gran habitación con ella, en donde Regi tenía que fingir que su presencia no la hacía sentir incómoda mientras se tumbaba en la cama con el corazón latiéndole en los oídos. Si bien en su mente de niña pequeña creía que si le contaba a su familia que la muñeca estaba viva no la creerían, una vez descubrió a su abuela diciéndole a su padre en tono bajo aunque algo molesto algo bizarro y fuera de lugar: “Esa muñeca hay que quemarla”. Para su alivio, el juguete a los pocos días se marchó de su habitación sin aviso y ni ella ni su familia quisieron sacar el tema de conversación. Con el paso de los años se vuelven prioritarias las explicaciones racionales a los fenómenos que no comprendemos, pero las sensaciones que nos hacen sentir siempre permanecen inconscientemente.

Al avanzar unos pasos hasta llegar al mostrador, una anciana los recibe con frialdad, sus ojos eran oscuros como pozos insondables. —¿Puedo ayudaros, niños? ¿Buscáis algo? Regina nota que algo no está bien y, dudando por un momento, recorrió con la mirada la nostálgica y algo inquietante tienda antes de decidirse a hablar. —Eh disculpe señora, buscamos información —dijo finalmente—. Algo... sobre un hombre al que llaman “El Cegador”. La anciana detuvo sus movimientos de inmediato. Un silencio espeso cayó sobre la tienda. Sus dedos se quedaron inmóviles sobre la muñeca que estaba sosteniendo, pero no levantó la vista. Regina notó un ligero temblor en sus manos, y la tensión en la habitación aumentó. —No sé de qué hablas —respondió la anciana, pero su voz traicionaba una emoción reprimida. Regina frunció el ceño y dio un paso adelante, intentando que su tono no sonara amenazante, pero firme.

—Sé que lo conoces. He oído cosas sobre él, y una importante pista me lleva hasta aquí. Necesitamos saber la verdad, por favor. La anciana guardó silencio durante unos segundos eternos. Finalmente, levantó la cabeza, sus ojos escondidos tras los cristales gruesos de las gafas la miraban con resignación. Sin decir palabra, la mujer condujo a Regina al fondo de la tienda, donde guardaba una caja que tenía en su interior dos muñecos desprovistos de sus ojos. El paso del tiempo los había dejado rasguñados y descoloridos. Sin mirarla, la anciana habló en voz baja: —Vive junto al río, en un invernadero... o lo que queda de él. Allí guarda sus tesoros, sus muñecos ciegos. Algunos dicen que lo hace por venganza... otros, que está loco. Regina sintió que un escalofrío le recorría la espalda. El invernadero abandonado junto al río Llobregat... ¿Qué relación tenía aquel lugar con el ladrón?

“Hace mucho tiempo, yo también estuve en sus zapatos”, dijo la anciana con un tono amargo mientras sus dedos temblaban sobre la muñeca sin ojos. Regina sintió un escalofrío. Como tu padre, cometimos errores, pero alguien se ha ido más allá de lo que cualquiera de nosotros imaginó. “¿Qué sabes de mi padre?” Regina dio un paso adelante, temblando tanto de miedo como de rabia. La anciana entrecerró los ojos. “Demasiado, niña. Demasiado. Y ahora, si me disculpas, debo hacer inventario”.

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por Galaxia (1.938.850 puntos)

Sii me encanta. 

Aunque es larga, vale mucho la pena leerla y no perderse tu obra.

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editado por
En México hay una isla de muñecas perdidas , y se menciona qué cobran vida de noche
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por Galaxia (1.894.411 puntos)
Un relato de gran calidad.
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por Galaxia (2.676.227 puntos)
Leí todo el libro bro, está muy bueno, me enganchó de principio a fin, tienes un gran talento, muy bueno.
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por Urano (335.494 puntos)

Muchas gracias bro, agradecido de que lo hayas leído y de tu valoración favorable. image

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por Venus (843.109 puntos)
Los ojos de la anciana eran oscuros, como si hubieran sido arrancados de sus cuencas. o.O

Hmm me cansa estar leyendo nombres extranjeros, especialmente en historias chinas donde Sao Plin del reino de Xin Gao y primo de Pei Cao deja el castillo de Panxo Pyes. Pero hago mi intento por no perder el hilo.

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por Urano (335.494 puntos)
Bueno es una cuestión de preferencias personales ya que no afecta a la narrativa en sí. Los únicos con apellido extranjero son la familia Beaumont porque proceden de inmigrantes, los demás nombres, algunos catalanes como Xavi o Roger, la mayoría son locales e incluso basados en personas reales que conocí o que fueron mis amigos en la escuela.
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por Galaxia (2.884.211 puntos)
Woooooow tenés un gran talento tu manera de describir las cosas es exquisita impecable y emocionante N-  N

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Veamos en qué desemboca éste misterio O-  O

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por Urano (335.494 puntos)
Gracias Galletitus Maximus  :D  Abrazo
por Galaxia (2.884.211 puntos)
Abrazo amigo n-  n
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por Saturno (443.895 puntos)

es increible el magnetismo que tiene este cuento desde que empiezas a leerlo.

el misterio el suspenso y el terror empiezan desde el mismo inicio y eso atrapa inmediatamente a cualquier lector y te invita irremediablemente a querer seguir leyendo hasta el final

La imaginacion conforme se vs leyendo hace que sea aun mas interasante por como bas desglosando cada parte conforme se va avanzando.

Esa parte donde describe a la muñeca de tez grisacea con la boca abierta grande y sonriente jaja me dio escalofrios.

ES MAS REY AQUEL MENDIGO QUE AYUDA A UN REY


QUE UN REY QUE NO AYUDA A LOS MENDIGOS

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