“Todo iba bien, hasta que me encerró durante casi un año, para apoderarse de mi vida y mi dinero”
Cuando nos conocimos me pareció muy guapa, divertida, muy cariñosa desde la primera cita. Me tomó de la mano, se reía de mis chistes, me miraba como si de verdad le importara. Yo venía de relaciones sanas, tranquilas, y pensé que con ella podía ser el comienzo de algo serio. Estaba listo para formar una familia, para empezar una vida con alguien. Pensé que era distinta a todas. Todo fue tan rápido... En unas semanas ya me decía que me amaba, me insistía en que dijera lo mismo. Me mudé a su casa convencido de que eso era lo natural, lo que hacían las parejas. Pero en cuanto crucé esa puerta como residente, todo cambió. Me prohibió tener mis cosas, me exigió dinero como "alquiler retroactivo", controló mi cuenta bancaria y me dijo que ahora estaba bajo su techo, y sus reglas.
Un día me amenazó: “Si haces algo, voy a decir que me vi* lste. ¿A quién crees que le van a creer? ¿A mí, mujer pequeña, o a ti?”. En ese momento sentí un terror que nunca había sentido en mi vida. Estaba atrapado. La vi* lncia fue escalando: me g*lpeaba con objetos, me hacía dormir en el suelo si no podía cumplir con el s* xo forzado, no me dejaba comer ni ir al baño. Literalmente me dijo: “Puede que un día de estos hasta te m* te." Estuve meses mandando capturas a escondidas a mi madre, guardando pruebas por si algo me pasaba. El día que vi a mi madre romper en llanto por un mensaje que mi pareja me había mandado, entendí que no solo me estaba destruyendo a mí, sino también a quienes me amaban. Hoy sé que salí de ahí por poco. Pasé por terapia, volví a aprender quién soy. Y entendí que el ab* so no tiene género. El silencio sí."
Gareth Jones sobre sobrevivir a una relación ab* siva por parte de su expareja.

