Hay una paz que no se compra ni se presume.
Es la tranquilidad de estar en casa, cómodo, sin prisas, sin apariencias, sin ruido externo que perturbe el alma. Mientras muchos buscan la felicidad afuera, otros la encuentran en lo simple: un café caliente, un pijama, el descanso merecido y el corazón en calma.
Celebrar el 24 y el 31 así también es un acto de amor propio. Es elegir la paz sobre el caos, el hogar sobre la presión social, la gratitud sobre la comparación. Porque al final, la verdadera abundancia no está en las fiestas ruidosas, sino en la serenidad de saber que estás donde quieres estar, en paz contigo y con tu vida.
