Psicológicamente, nuestro nombre es el ancla de nuestra identidad. cambiarlo puede ofrecer:
cierre de ciclos y sanación de traumas: para quienes asocian su nombre de nacimiento con un pasado doloroso, abuso familiar o una versión de sí mismos que ya no existe, el cambio de nombre actúa como un "borrón y cuenta nueva". permite desvincularse emocionalmente de esos recuerdos, alineación de la identidad (autenticidad): es fundamental en personas trans o no binarias, pero también en quienes sienten que su nombre no encaja con su personalidad. sentir que tu nombre "suena" como tú reduce la disonancia cognitiva y mejora la autoestima, empoderamiento y control: tomar la decisión de cómo quieres que el mundo te nombre es un ejercicio de autonomía. es dejar de ser un objeto (nombrado por otros) para ser un sujeto (que se nombra a sí mismo), efecto de "nueva narrativa": facilita la creación de una nueva historia de vida. al presentarte con un nuevo nombre, es más fácil adoptar nuevos hábitos o actitudes, ya que no arrastras las expectativas sociales ligadas a tu identidad anterior!...


