...le dediquemos tiempo a eso que nos apasiona?

El Disfraz de la Estatura
Bajo el lino formal y la mirada austera, donde el tiempo ha marcado su rastro de sal, late aún la luz de una antigua primavera, un asombro infinito, puro y cristalino, casi elemental. Caminamos erguidos, con pasos de plomo, midiendo los días en cifras y en horas, pero somos chispas que olvidaron el cómo jugar entre sombras y auroras!...
No hay vejez en el alma, solo inviernos de cuero, una piel que se ensancha, un hueso que crece; el adulto es el cofre, un estuche severo, donde el niño de antaño jamás desvanece. Miramos al mundo con ojos cansados, fingiendo certezas que el viento se lleva, mas somos infantes en cuerpos prestados, buscando en la lluvia una risa que llueva!...
¡Qué extraña mentira es la voz que engrosamos! Ocultamos el miedo tras muros de orgullo, y en el fondo del pecho, si nos escuchamos, el sueño del niño es un suave murmullo. Deseamos el vuelo, la arena, el abrazo, la mano que cuida, la tregua del llanto, y aunque el espejo nos muestre el trazo de un rostro que ha visto ya tanto!... y tanto!...
Somos barcos gigantes de velas pequeñas, gigantes de arcilla con manos de azúcar; buscamos el norte en las viejas reseñas, mientras el alma aún quiere jugar a buscar. Que nadie se engañe con la altura o el nombre, ni con la firmeza de un paso elegante: detrás de la mujer, debajo del hombre, palpita un pequeño corazón!... gigante!...
