ella era alta, rubia como la cerveza en casa de mis abuelos recaló, sin saber a qué Dios debía agradecer yo
y en esto que todos se fueron, solo quedamos los dos, y se me produjo el milagro cuando ella preguntó:
'qué deseas que te haga, amor, que para cualquier cosa estoy yo... y mi corazón'
no salía de mi asombro, una diosa como ella y a toda mi disposición
había merecido la pena todo lo anterior, por tener semejante premio rendida a mi por amor
y tras mucho pensar, tras mucho anhelar, tras mil veces el corazón roto, ahora no se me iba a escapar
'oh diosa mía, nibelungo yo ante ti como nunca merecí, quiero que me hagas tuyo a través de tu maestría
prepárame un consomé, una salchicha rica, una fritura fina que de seguro ha de ser la más rica'
y con sus azules ojos de gata, cintura de avispa y más de metro ochenta, me hizo la mejor salchicha que haya probado en mi vida
pero yo, nada egoísta, le rogué que me acompañara, y entre risas y algarabía compartimos las mismas viandas
que para eso Sanvalentín se coló en mis sueños, el muy pillín me clavó un dardo justo en mi corazón... el estómago
(totalmente verídico soñando anoche)
