Puede que a largo plazo haya oprimido lingüísticamente y elaborado una imagen de la mujer menos humana y más cosificada. O sea si hay violencia, no viene del mutuo acuerdo libre en la producción del video o la foto, sino en los efectos que produce después en la configuración de la cultura y del cerebro masculino. El diablo está en los detalles, nos decía una profesora en la Facultad.