Canto del ermitaño a su Amado
Amado, estoy desnudo y despojado,
pobre, yo me entrego al fuego de tu amor.
Si el mundo me abandona, Tú, mi Señor,
en este templo aguardo arrodillado.
Mas yo, por mi decisión, me he alejado,
y llevo tu distancia por mi dolor.
Pues arde más esta ausencia que el amor
de cuanto en esta vida he codiciado.
Marchitarán mi carne y lo pendiente;
tu silencio será la celda mía.
Si yo te fallo, Tú amas plenamente.
Lo dejo todo, mi nombre y señoría,
por ser contigo un solo pulso ardiente
y al fin vivir sin mí, en tu compañía.
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Preguntole el ermitaño a su Amado: "Señor, a pesar de todo lo que te he ofendido, ¿me sigues amando?"
El Amado respondió: "En todo momento e intensidad. Pues no puedo abstenerme de amar todo cuanto es semejante a mí."