Siento que es parte de madurar y no es simplemente crecer en años, sino aprender a soltar lo que alguna vez creímos indispensable. Con el tiempo, las prioridades se reordenan en silencio, como piezas de un rompecabezas que ya no encajan donde antes. Lo que ayer parecía urgente, hoy apenas importa; lo que antes ignorábamos, ahora se vuelve esencial.
Es parte del proceso: comprender que no todo puede sostenerse, que elegir también implica renunciar, y que el verdadero crecimiento no siempre se nota por fuera, sino en la forma en que decidimos hacia dónde dirigir nuestra energía, nuestro tiempo y nuestro corazón.