En estas fechas démonos cuenta que la mayoría nos da un algo... no sé qué, la nostalgia, ese trago amargo por lo perdido por no ser como ese gato que pudo probar ir tras el ratón a la vez que jugar con ese hilo colgón... Pero si esto te hace sentido es una ilusión. Ya viene el tono poema. A cada paso un divague, una pensión vitalicia que se alínea con lo que el gremio de michis prometa en promedio. Por miedo dejé de volar cometas, y me salvé de electrocutarme, conservé intacto mi cuello, seguí a gatas para no caer al río helado, estuve llena cuando vi convertir en confetti el scooter. Si es que en el agua también asaltan como en los Uber, daré la pata como una gata que canta bajo demonios químicos que aguantan guerra y aracles. Un mechón de la fruta que atará besos y sobadas de insumos.